Olalla & Juan :: Boda en Finca Montesqueiro
Hay días que se sostienen sobre detalles pequeños. Una mirada antes de empezar, una risa que se escapa cuando nadie la esperaba, el modo en que la luz cae sobre la piedra a media tarde. La jornada de Olalla y Juan fue exactamente eso: un día bonito, sin artificios, en el que cada momento parecía caer en su sitio.
Los acompañamos desde temprano por la Finca Montesqueiro, en Oleiros, A Coruña. Un lugar que respira calma, con sus jardines abiertos y esa sensación de que el tiempo va más despacio. Allí empezamos a filmar, atentos a los gestos que normalmente pasan desapercibidos pero que, vistos con la cámara cerca, lo cuentan todo.
La calma de las primeras horas en Montesqueiro
Antes de que llegara el resto, hubo silencio. Esa antesala en la que los nervios y la ilusión se mezclan y nadie sabe muy bien qué hacer con las manos. Olalla terminando de prepararse. Juan ajustándose la chaqueta, comprobando por enésima vez que todo estaba en orden. Nosotros, en un rincón, dejando que la mañana fluyera a su ritmo.
La finca ayudaba. El verde alrededor, la quietud de los jardines, la luz entrando limpia. No hizo falta forzar nada. Solo estar presentes y filmar lo que iba ocurriendo, sabiendo que esos primeros planos serían el inicio de la película.
Una ceremonia que se le metió a todos en la garganta
Y entonces llegó el momento que lo cambia todo. La ceremonia de Olalla y Juan fue de las que se sienten en el cuerpo. De las que hacen que la gente busque un pañuelo sin disimulo y que el silencio entre las palabras pese más que las propias palabras.
Hubo emoción de la de verdad. Voces que se quebraban, manos que se apretaban, miradas que decían más que cualquier discurso preparado. En esos minutos, nuestro trabajo es casi invisible: estar cerca sin estorbar, anticiparnos al gesto justo, recoger la lágrima que llega antes de que nadie la vea venir. Todo eso quedó grabado.
Lo bonito de una ceremonia así es que no necesita decorado. Se sostiene sola, con la sinceridad de dos personas que se dicen las cosas a la cara y delante de los suyos.
De la emoción a la fiesta más Disney
Después de tanta intensidad, el día giró por completo. Y vaya si giró. Lo que vino fue pura diversión, con esos momentos que solo se nos ocurre describir como muy Disney: grandes, festivos, con algo de cuento y mucho desparpajo. La clase de escenas que arrancan carcajadas y que se viven con el corazón a tope.
Olalla y Juan se entregaron a la fiesta sin reservas, y los invitados los siguieron. Hubo color, hubo música, hubo esa energía que convierte una celebración en algo que la gente recuerda durante años. Nosotros seguimos filmando, ahora con otro pulso, persiguiendo la alegría de un lado a otro de Montesqueiro.
El vídeo de Visualtec recoge ese viaje completo: la calma del principio, el nudo en la garganta de la ceremonia y el estallido de una fiesta que no quería terminar. En la película de su boda, Olalla y Juan tienen guardado un día que supo ser tierno y divertido a partes iguales.
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